
Cuando los artistas tienen trayectorias tan largas, se hace difícil seleccionar un álbum que sea representativo de su trabajo. Pero con Thriller el artista bicolor hizo un disco tan completo, que merece la pena recordarlo.
La verdad es que cuando este disco salió a la venta, en el año 82, yo todavía no existía. Pero las repercusiones de Thriller en toda la música que vendría después lo convierten en uno de esos discos que uno se ha topado en todos lados. Desde los primeros cassettes que habían en la casa, hasta una que otra fiesta. Pero también los éxitos y reconocimientos, por ejemplo el tremendo videoclip de Thriller, o el hecho de ser el disco más vendido de la historia.
Con esa rara mezcla de antecedentes, escuchar este discazo se convierte en un placer –claro, cuando olvidamos los antecedentes. Es que si nos quedamos con la música que hacía Michael Jackson sale a la luz un talento y una habilidad para fusionar estilos que pocos artistas poseen. El rock, el funk y el soul son parte del versátil repertorio de este músico de “color”.
Además, del hit Thriller, en este álbum hay trabajos notables e inmortales como Beat it y Billie Jean. El primero más rockero es una prueba del power que podía alcanzar Jackson, pero una potencia con el sello del rey del pop, ese saborcito que logran ponerle algunos artistas a sus trabajos que los hacen inconfundibles.
Billie Jean comienza con una intro notable y un estilo que la convierten en un ícono de la música de principios de los ochenta.
The girl is mine, tocada junto a Paul McCartney, es la prueba de que dos grandes nombres pueden inmortalizar una canción sólo con sus nombres. Lo demás, son puras pruebas de por qué recordamos a Michael Jackson por su música y no por su síndrome de Peter Pan.















