La pintura es un medio natural y primario como manifestación y medio de expresión artística; en Chile los artistas han tenido predilección por este género por una cuestión de tradición y porque el formato cuadro es el medio más próximo y económico en la educación de las artes visuales en Chile. A pesar de que a nivel internacional es un medio con cierto desgaste, pues su presencia en las grandes Bienales es cada vez menor, aun es un medio de investigación interesante y factible de experimentar material y conceptualmente, ha partir de su propio lenguaje y elementos.
Así como uno se encuentra con la pintura, también nos encontramos con artistas pintores que no nos dejan indiferentes, ese es el caso de Sebastián Venegas, un joven pintor formado en la Universidad de Chile, que desarrolla la disciplina profesionalmente desde mediados de los noventa. Con la característica que pocos tienen, la de arriesgar y probar incansablemente valiéndose de la propia pintura, de su historia, de su tradición, para lograr una producción heterogénea en lo formal y muy concreta en su fondo, de unidad conceptual, que encierra una riqueza de proposiciones al espectador, el que deberá ir encontrando y desglosando, tal como Sebastián ha debido ir descubriendo su pintura.
Eres un artista al cual el espectador puede leer su trabajo como una fuente de información relacionada con su historia de vida y sus intereses personales. ¿Le das a tu trabajo la característica de bitácora personal?
Mi trabajo más que ser fuente de historias personales busca ser espejo de mis visiones del mundo. Yo hablaría de una bitácora de ideas multidimensional en donde las autorreferencias aparecen muy aisladamente junto a temáticas universales como los mitos ancestrales, el imperialismo, la devastación ecológica, el consumismo, lo onírico y la muerte entre otros de mi interés.
En tu producción de los noventa en adelante, la cita a obras y autores clave de la historia del arte es casi una constante, como se desprende de la obra La roca, en la que haces uso de la perspectiva Daliliana, ¿cómo fundamentas ese interés?
Las obras de los maestros de la pintura son modelos de representación que pongo al servicio de mis necesidades expresivas. En el caso de La roca, “autorretrato psicológico-simbólico” buscaba dar forma a estados internos inconcientes y en las estructuras compositivas de Dalí se encontraba el modelo idóneo para tal objetivo. Lo que me interesa del surrealismo, es su mayor realismo, en el sentido que suma o integra nuevas regiones de la mente y las emociones al proceso creativo. Y en especial el de Salvador Dalí, donde a los grandes horizontes y perspectivas ingrávidas se suman una depurada técnica de gran verosimilitud y una exuberante imaginación onírica. Esta combinación es la que me permite proyectar elementos del inconciente en una imagen consistente, portadora de mis deseos y miedos.
¿En la obra “autorretrato“, un dibujo a lápiz de color sobre papel del 2005, ¿Podríamos leer que asumes un ícono representativo de Imperialismo como símbolo de destrucción del paisaje?
En este caso la lectura del símbolo imperial del águila es la más evidente. Pero mi composición busca algo mucho más profundo y ambiguo, que es dar forma a mis conflictos y tensiones internas por medio de símbolos dispares que parecen converger y oponerse a la vez. En esta obra la clave está precisamente en lo ilógico. El águila es depredadora, pero a la vez en la imagen aparece en la tierra, con sus garras capturando el aire y no a las ovejas. El ave rapaz pudiendo volar no vuela y pudiendo matar no mata. O sea el águila de ser poder aniquilador pasa a ser pastor y protector del rebaño. Una de las patas del águila es la espada bíblica, pero en vez de ser juez despiadada, su sombra marca la senda del rebaño. Por otro lado las ovejas pueden ser leídas como el rebaño obediente sin voluntad, pero sin embargo dos de las ovejas se separan del redil buscando su propio camino. Las ovejas nacen del águila. El águila y el rebaño son estados psicológicos que se necesitan. Yo soy el águila y el rebaño unidos. De esta manera salvo estéticamente mis contradicciones.
En otros trabajos la figura humana la planteas como cuerpos inestables, que están envueltos en espacios ambiguos y que juegan con la percepción del espectador. ¿Cuál es la política de la figura humana dentro de tu pintura?
El cuerpo es portador de sensibilidad y finitud, además de ser un medio para el movimiento y la transmisión de ideas y emociones. Esto lo hace el espacio para el drama humano por excelencia, donde placer y dolor se alternan sin piedad. Todas las perturbaciones del mundo caen sobre el cuerpo desestabilizándolo. En definitiva la política de la figura humana en mi pintura es la ser un espacio de resistencia total.
El uso de la fotografía como referente, esta muy bien planteada en obras como Del dolor y La purga, donde la cuestión documental es esencial ¿En qué elementos te detienes para inducir los procesos de imagen y concepto?
Aquí tenemos que el proceso para el desarrollo de la imagen y el concepto se compone de tres partes. La primera tiene que ver con el trabajo del modelo humano desnudo y sus posturas junto al desarrollo de una gestualidad facial al modo de una interpretación actoral. Luego vienen la toma fotográfica y sus enfoques que sirven como referente para el trabajo pictórico. Y es en la pintura donde aparecen los conceptos. Por ejemplo estas obras tienen un metro cuadrado de formato, el cual esta inspirado en el modelo cuadrado del cuerpo humano y sus proporciones de Leonardo D Vinci y en la metáfora Horizon Carre de Huidobro en donde concibe al cuadrado como un espacio puramente humano. Finalmente este proceso visual esta fundado en un recorrido por mis distintos estados emocionales. Estas obras las encontramos en la serie Metro Cuadrado de fines de los 90, en donde mi cuerpo refleja la finitud de todos los cuerpos. Es decir el cuerpo entendido como el símbolo universal de nuestra muerte y sensibilidad, más que como un espacio del individualismo capitalista.








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