SE CACAREA ACÁ
10 Mar 2009

Robert Johnson

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Este hombrecillo de color, solitario, nómade y con un talento inexplicable es considerado el Rey del Delta Blues. Para muchos mesías inspirador, este misterioso personaje ha dejado una huella escasa, escuálida, pobremente documentada pero de una potencia incontrastable y decidora.

Solo 29 canciones son las que se han escuchado de este enigmático personaje. Eso ha bastado para que se haya convertido en un referente, en una influencia inequívoca de lo que hoy conocemos como rock, rock and roll o como diantres quieran llamarlo. Pero ¿qué hace tan atractivo a Robert Johnson? Gran parte del interés que existe hacia su persona está suscitado por las leyendas que se tejen en torno a él.

La más difundida de estas historias es su supuesto pacto con el diablo. Robert Johnson, hasta antes de conocer al cola de flecha habría sido un bluesman ordinario, promedio. En un encuentro con Satán en el crossroads (un lugar emblemático de Estados Unidos donde convergen dos importantes carreteras) Johnson le habría vendido su alma a cambio de una técnica guitarrística eximia, talento músical sin límites y ocho años de vida para disfrutarlo.

Era un hombre solitario. Durante sus presentaciones no hablaba una palabra y al terminar se paraba raudo y se retiraba. Sus grabaciones las hizo de cara a un rincón contra la pared. Algunos piensan que lo hacía para aliviar el tormento de enfrentar a los demás, en quienes proyectaba sus demonios. Otros dicen que era una forma de aprovechar la acústica del lugar.

Varias de sus canciones hacen referencia a sus encuentros con el diablo y al lugar de la transa. Finalmente Johnson, con su actitud arisca y poco gregaria, no hacía más que alimentar las oscuras elucubraciones que había alrededor suyo. Lo que no es cuento, en todo caso es que su música es de una sofisticación celestial. Las composiciones son tremendamente complejas, y la incorporación de distintas rítmicas y una técnica de ejecución depurada dan la sensación de por lo menos dos o tres guitarras tocando simultáneamente. Eso sumado a su voz fantasmagórica, arada por el camino, surcada como campos de algodón del pobrísimo Missisipi hicieron de este bluesman una leyenda.

Los tardíos años treinta fueron testigos de este endemoniado exponente, que les recomendamos y mostramos en una pequeña síntesis.

Walking blues:

Come on my kitchen:

Ramblin´ on my mind:

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