Hace mucho tiempo que no me manifiesto por mis propios medios, y no hablo de aletear ni cacarear, cosas que hago seguido. Hoy voy a escribir porque me enorgullezco en comunicar que el gallinero dejó de ser una virtualidad. Desde la semana pasada, La Pollera está asentada en las bellas oficinas de pasillos amarillos que se puede ver en la foto.
Pero instalarse en un lugar implica muchas cosas: de partida algo para sentarse y apoyar el computador o cuaderno -sea cual sea el estado evolutivo del ocupante-, luego un hervidor de planta y un infaltable tarro de café. Y lo más importante, después de un cenizero: INTERNET, gente que trabaja páginas web no puede hacer nada sin una conexión.
Ésta es nuestra historia de amor contra un proveedor, una más dentro de las miles que se escriben día a día, y que por el tamaño de la empresa antagonista, quedan sepultadas como huesos viejos.
Uno de los fundadores de este gallinero, de esos quienes pusieron las primeras tablas, más conocido como Sebastián Echeverría, se dirigió a un ejecutivo de ventas de Telefónica para contratar el servicio al que todos hoy en día aspiran: Internet. Demás está piar que no tuvimos opción al escoger empresa ya que el edificio está empalmado con Telefónica y por algunas movidas que los mortales desconocemos, quizás algúna vez calificadas como colusión, no pudimos contratar el clásico servicio que usa cada uno en casa.
¿Usted sabe los límites del servicio de internet casero? ¿Ha probado conectar más de cuatro computadores a una red de wifi? Es posible que en su casa no use tantos computadores, por eso nunca ha tenido problemas. Sin embargo, para las empresas hay planes que obvian aquella limitación, obvio.Y es aquí, cuando comienza la lluvia de mentiras, complicaciones y burocracias incomprensibles, en una empresa que se hace llamar de “comunicaciones”.
Un sábado en la mañana, el teléfono seguramente despertó al pollo mencionado con una buena noticia: “Sr., el lunes a las 9 a.m. estaremos en su oficina instalando el servicio”.
Ese lunes, pasamos la mañana martillando con nuestras alitas las repisas del gallinero. A medio día, sin noticias de los telefónicos, llamamos. Nos confirman que ellos tienen orden para el lunes en versión “A.M.”, es decir, cualquier hora hasta las una de la tarde. A las 1:30, un operador del call center nos promete que en la tarde vendrán. Mientras, la oficina está parada, todos sacando la vuelta (y he ahí la importancia de un cenizero).
Cerca de las 4, impacientes, llamamos al ejecutivo que nos vendió el plan de Internet, un tipo del corral de al lado: cerdos. Después de insistir, contestó y se comprometió a tenernos a alguien a las 7 de la tarde para enchufar la cosa al mundo de la información.
8 de la tarde, no hay nuevas del técnico, menos inciativa se encontrará en el call center y el ejecutivo no contesta su celular. Ya habiendo estado más de diez horas en una habitación inútil, nos retiramos.
Martes, primera hora, el pollo Echeverría llama al ejecutivo de ventas, que por suerte contesta. Se hace campaña: dice no saber cómo fue posible, y lee un supuesto reporte que decía que un técnico vino el lunes y no había nadie. Eso es mentira. Pero pasado medio día el técnico llega e instala.
Caídas las seis de la tarde de ese martes, hubimos más de cuatro en el recinto, tratando de conectar los notebooks, cuando nos damos cuenta de que el quinto no se podía conectar. Luego aparecieron conflictos entre los conectados.

Miércoles en la mañana, se cruza la calle (porque irónicamente una sucursal de Telefónicaca queda justo al frente), se reclama y se vuelve a prometer un técnico. Ése sí llegó, pero dijo que tenían que cambiarnos el router para activar la conexión ideal que buscábamos. Claro, él no podía cambiarnos el router porque en el sistema teníamos contratado un plan común y corriente.
Se cruza la calle otra vez, se queja. Se nos dice, después de mucho insistir, que hubo venta engañosa -sí, señores, ahora la estafa tiene un eufemismo-, o sea, que el tipo que vende planes de Internet para Telefónica, vende algo y después te da otra cosa: gato por liebre, le dicen en algunos círculos; paragua por skunk, en otros. Para sacarse el pillo, nos ofrecen cambiarnos a plan empresa manteniendo el precio que prometieron cobrar en un comienzo.
Jueves, feriado, medio día, llega un técnico (no sin antes llamar para presionar). Resulta que este no viene a cambiar el router, no viene a reconfigurar el sistema, viene a atender un reclamo. ¿Cuál de los treinta que habíamos hecho tratando de entender los diferentes disparates que emitía cada uno de los operadores telefónicos con los que habíamos hablado? No se podía hacer nada, y el técnico nos dijo que en realidad mejor compráramos un router y la hagamos a la mala, que por algo él era contratista y ya no trabajaba “dentro” de la empresa. Son del corral de al lado: cerdos.
Viernes, se vuelve a cruzar la calle. Bajo todos los tonos de un pollo se piden explicaciones. Se habla con las jefas de local, hasta que nos terminan por decir que el plan empresa no existe. La misma jefa de local nos sugiere comprar un router. A la mierda. Nos compramos una cosa wireless sin antena, parecido a un insecto que no se qué comerá. Quisimos configurarlo y funó toda la iniciativa.
Domingo, un amigo que sabe de redes nos dice que ocn el router original no podremos configurar el nuevo. Ya me quedan pocas plumas en la cabeza, me las he ido arrancando con las rabietas.
Lunes, se cruza la calle por última vez, se pide cambio de router. No hay problema, sólo cuesta $15.000. El pollo Echeverría recurre a las últimas herramientas, ésas que parecen inalcanzables, pero que quizás no hace falta echarles mano finalmente. Se mencionó al SERNAC y a la SUBTEL, y se salió del local. Al salir del local, el emplumado recibe una llamada a su celular, la jefa de local le ofrece cambiar el router gratis.
Hoy es martes, veremos si se dignan a salir de su chiquero los animales de enfrente para venir a cumplir lo prometido. Si no es así, al bajar por Providencia, podrá ver a tres pollos desesperados, encadenados a la sucursal de Telefónica que hay pasado Pedro de Valdivia.
ACTUALIZACIÓN MIÉRCOLES: Finalmente, después de tanto cacarear, estamos todos conectados. ¡A la mala, po! Si no queda otra con estos animales.





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