SE CACAREA ACÁ
20 Oct 2008

Así fue como me “civilizaron”

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Siempre que escuchaba o leía la palabra represión, ya sea en la tele, en un afiche o en una marcha, se me venía a la cabeza una seguidilla de situaciones y escenarios comunes. Clichés como “¡¡Los pacos nos reprimen!!”, o la imagen de un joven ensangrentado gritándole a las cámaras “¿ESTO ES DEMOCRACIA?”, con un trapo de Allende medio mal dibujado de fondo.

La idea de represión para mí no tenía mucho sentido y no era más que otro recurso que ocupan algunos jóvenes con pataleta. Ahora, después de una anécdota que me ocurrió, mi opinión acerca del tema cambio radicalmente.

Típico viernes en la noche, con mi amigo el Chaz decidimos irnos a una “disco” a pasarlo bien, pues ambos estábamos solteros y había que aprovechar la oportunidad de salir a buscar chiquillas.

Después de divagar en una serie de tentativos lugares a donde acudir, al Chaz se le ocurrió una plaza que tiene el nombre de un santo y en donde  habían varios de estos lugares donde los jóvenes se divierten, además quedaba cerca de donde estábamos y era importante tomar una decisión rápido (por lo tarde que era). Yo no tenía ningún antecedente de este lugar y a esa altura ya me daba lo mismo, nos habíamos bajado la mitad de la mamadera de piscola.

Llegamos a este lugar y apenas nos bajamos del auto se nos acercó una mujer muy bonita que nos ofreció cuidarnos el auto por mil pesos. Qué raro, dije, una estacionadora mujer y mas encima rica. Nos dejamos seducir , le pasamos la luca y seguimos rumbo a nuestro destino que era entrar a cualquiera de esos lugares para bailar. No pasó ni un minuto y de la nada se nos acercó un carabinero, quien con una actitud un poco prepotente nos hizo la siguiente oferta: “O botan el trago o se van detenidos los dos”. Como este sujeto no parecía TAN pesado tratamos de llegar a algún tipo de acuerdo, no queríamos botar el copete ya que era lo único que teníamos.

Entremedio de esta pequeña discusión apareció otro sujeto que el mismo paco con el que estábamos nombró como “su superior”.  Éste sí que era prepotente, violento y todo lo demás. Sin preguntar nada me agarró con fuerza del brazo y de un momento a otro me estaba llevando al retén de carabineros para pasarnos un parte, no sólo por ingerir alcohol en la vía publica (cosa que no era ya que la botella estaba cerrada), sino que además por desorden motivo de mi pequeño intento de rebeldía.

Aquí fue cuando entre en razón, el efecto del alcohol desapareció repentinamente, pensé un segundo y dije “¡NO!”. Pero justo se incorporó a la escena un tercer personaje, éste venía vestido de civil y con una actitud mucho más maletera que los otros 2, sacó una billetera con una placa que acreditaba que pertenecía a los policías de investigaciones. Se presentó diciendo “¡A mí encanta hacer este tipo de cosas!”. Mierda, pensé, ahora estaba metido en el cuento un tira, no se supone que estos se encargan de llevar detenidos a los narcotraficantes o investigan asesinatos y ese tipo de cosas. Bueno, éste estaba acá y le encantaba usar su fuerza para poder llevarse detenido a ciudadanos que andan con una botella en la mano y que sólo quieren pasarlo bien un rato. Me agarró con los dos manos y con mucha fuerza me desplazó como una cuadra hasta llegar al retén móvil.

Lo habían logrado, de una u otra forma habían cumplido su objetivo, ya estábamos ahí y nos iban a pasar un parte si no fuera porque de la nada me acordé de algunos conceptos básicos de actuación que aprendí en el colegio y, frente a todos, simulé una crisis y me desplomé en el suelo. Sí, estaba tirado en el suelo con espasmos junto al retén móvil. A esta altura la cosa ya había agarrado fuerza entre la multitud. Mi amigo el Chaz fue clave en este momento y en una especie de conexión teatral conmigo convenció a todos de que la cosa era en serio, escuché algo de un siquiátrico, que las pastillas, la CRISIS…

Los pacos sobrepasados por nuestros dotes actorales, incompetentes frente a este tipo de situaciones, le dijieron al Chaz que me levantara y sacara inmediatamente del lugar porque si no iba a quedar la cagada. Y así fue, el Chaz me levantó y me llevó fuera del alcance visual de los pacos dándole fin a la escenita. Logramos con este poco de suerte librar de una multa por dos delitos que no habíamos cometido.

Pasaron los días y viendo una noche las noticias apareció un pibe que reclamaba porque los pacos los reprimían y no los dejaban expresarse, instantáneamente surgió en mi mente el recuerdo de la tragedia que había vivido hace un par de noches. Ahora me sentía identificado con ese estudiante que sale todos los días en las noticias reclamando justicia, dignidad y libertad entre otras cosas. Una serie de sensaciones brotaron en mí y me deprimí. Luego, me puse a reflexionar acerca del tema y me entró la duda de si es que acaso había quedado con algún tipo de trauma psicológico tras la violencia a la que había sido sometido. “Ahora me voy a tener que gastar las lucas que me ahorré del parte en un par de sesiones con el psicólogo o tal vez la próxima vez me va a dar una crisis de verdad”, pensé.

Estos sujetos que deambulan día a día por nuestras calles supuestamente para ayudarnos a sentirnos más seguros, tal vez no lograron meterme dentro de ese retén pero sí lograron hacemre sentir un ciudadano reprimido.

“A los pacos no hay que contrdecirlos porque es peor”, me decía el Chaz después del incidente. De seguro la próxima vez que me pase algo parecido, sólo agacharé la cabeza y obedeceré, así como los perros dejan de comerse el diario después de que les pegan.

Foto: Cruz Negra Anarquista Venezuela

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