
Yo estaba acostumbrado a ver a presos políticos, a los hermanos mapuches o a algún desesperado anónimo hacer huelga de hambre como medida extrema para protestar por alguna injusticia (sin contar al maestro, Gandhi). Es que se trata de la última medida, del picotazo final antes de que te revienten los huevos. ¿Por qué entonces el presidente de un país tiene que andar tomando estas medidas tan extremas?
Más alarmante que imaginarse a Bachelet, Obama o a la Señora Khaciendo huelga, es el hecho de que un presidente se vea presionado a llevar su lucha a esos términos. Además, las exigencias de Evo no son injustas, él pide algo ya votado en un plebiscito popular, y el parlamento al no tener los suficientes votos para rechazar el proyecto, simplemente impide que se sesione, imposibilitando que se apruebe.
A estas alturas da lo mismo si se trata de una medida para perpetrarse en el poder, pues allí la gente verá si lo elige. Lo enfermante es ver las presiones que pueden ejercer ciertos politicos, los extremos a los que han llevado sus luchas. Unos aprovechandose del sistema, entorpeciendo la aplicación de una ley porque – con justa razon o no – no estan de acuerdo con lo que el pueblo ya eligió. Otros dejando de comer porque aunque es el presidente de un país, se encuentra impotente a las presiones de ciertos poderes.
El problema no es tan complejo. Es cosa de escuchar a los habitantes, trabajar porque estén mejor. Y no entorpecerlo todo por las peleas por un cargo. Políticos de sí mismos que se despluman por quién se queda más rato allá arriba, está lleno, sino preguntele a Escalona.





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