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Cáscaras de melón: la historia de cómo un narciso pasó a ser un histérico

28 Diciembre 2009 por Jerónimo Parada

Cursaba segundo año de Ingeniería Comercial en la PUC y, sin mostrar demasiada decepción, contaba que su destino preferido hubiese sido estudiar Física en otra casa de estudios laica. Pocos sabían que su papá no lo había dejado estudiar esa carrera por considerarla menor e incierta en términos de lo que él asociaba al éxito (lo que para mí es una completa estupidez). A pesar de esto, el hombre todavía creía ser el ser más brillante del planeta Tierra. Estaba en su mejor momento: la confianza en su retórica sumada a cierto éxito reciente con las mujeres -tras una adolescencia estéril en este plano-, lo impulsaban hacia un incontinente gusto por mostrarse y seguir apareciendo.

Forjado desde pequeño en la cultura almanaque, manejaba visiones panorámicas de muchos temas y se jactaba de tener un nivel superior a la media en cualquier cosa de la que se hablara en una conversación (lo que en general se cumplía). Era muy bueno para las matemáticas y el pensamiento lógico, pero no tenía sensibilidad artística, y no sólo artística: pecaba de sensibilidad en general.  Este hoyo en la sensibilidad, lo intentaba cubrir en base a gustos de personas que él consideraba que tenían buen gusto y, como era rápido haciendo asociaciones, establecía unos promedios rarísimos que finalmente resultaban en “sus propios gustos artísticos”. Generalmente le funcionaba bien esconder el hoyito de los sentidos y, para los inocentes, parecía ser incluso una persona sensible.

Todo lo anterior redundaba  en que, por cierto, necesitaba el reconocimiento de los demás. Ser admirado, alabado y observado, le producía un regocijo tan enorme que apenas veía una oportunidad en este sentido, no la desaprovechaba.

Y hubo una comida que apareció para él como una oportunidad dorada para relucir. La cosa no variaría mucho respecto a cómo se comportaba siempre, pero habían más ojos taquillas, juveniles y famosos, lo que lo convertía en un evento que,  bajo su concepción del brillar (que siempre tenía relación con el otro), era enteramente atractivo. Abrió  la conversación defendiendo a una película romántica de dudoso mérito ante un público semi hostil con éxito. Cuando elevó a un político de derecha y los contertulios simplemente sonrieron, se vio a sí mismo como un iluminado. Y cuando siguió interpelando a una concurrencia que se hacía condescendiente a discursos políticamente incorrectos respecto a los negros, se dijo: me queda poco para ser el Sol.

Pero el problema radicaba en los sentidos. Mientras el hombre hablaba con tono grandilocuente se había servido un aperitivo: melón con jamón serrano. Gentilmente, las personas a cargo de la cena habían dejado la parte comestible del melón separada de su cáscara y, por causa de su hoyo en los sentidos, esto último le estaba siendo imperceptible. ¿Resultado? En la medida en que iba comiendo dejaba una película de melón creyendo que era su cáscara. Su esfuerzo por hablar bien y llamar la atención complementados con su enorme deficiencia sensorial, le impidieron darse cuenta que eso que incluso tocaba con las yemas de los dedos era parte comestible de la fruta.

Bastó la simple aseveración de una mujer judía para cambiar su destino narcisista. Ella, que siempre había sido su objeto de admiración y deseo, le dijo apuntando con un dedo hacia la “cáscara” de melón que estaba dejando: – ¿Y esto que estai dejando hueón? ¡Cómete eso gil, que no es cáscara!. Al segundo de pronunciadas estas palabras se escuchó una carcajada múltiple que todo lo opacó. La cara del hombre se transfiguró sustancialmente, variando desde la hybris de una mirada peliaguda, hacia una expresión facial  en la que se mezclaban el sofoco, la degradación y la abyección. Para los presentes ha sido un rostro difícil de olvidar.

Luego de este evento, trató de recobrar cierto temple, pero una vez que lograba algo de pathos, la conversación volvía a las cáscaras de melón y se revivían las risas. De ahí en más el hombre bajó una octava para siempre: pasó de ser narciso a ser histérico.

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9 Comments For This Post

  1. rebotes dijo:

    JAjaja. Tremendamente refinada y graciosa la columna. Un éxito.

  2. Némesis Monroe dijo:

    La divinidad fulmina a quien desafina la octava.

  3. desdemona dijo:

    gran historia de una histeria

  4. caterina dijo:

    No sabìa lo de la Fìsica…menos mal que su ser superior igualmente lo condujo a las matemàticas :lo irrebatible para los otros. Me alegro su bajada a la histeria , lo humaniza y pone a flor de piel su càscara, tanto asì que se la comiò , quedò su carne a los ojos de los demàs.Lo hizo vulnerable y comprendiò que errar no importa , igual es querible.
    Los histericos finalmente son adorables y muy necesitados de admiraciòn pero con cariño.
    Los narcisos siempre , pero siempre ccaen en desgracia.
    Ejemplos de la historia : Hitler y Pinochet los narcisos malignos. Lagos y MEO los narcisos a secas.
    Este personaje , del cual hablamos , sòlo padece de una sombra de su padre. Su corazòn de melòn es histèrico. Menos mal…Engaña eso sì ……….

  5. caterina dijo:

    P.D:Su falta aparente de sensibilidad , tiene su nombre: BELLE INDIFERENCE,sòlo que èl no lo sabe.Todo para no sufrir el desamor.La dialèctica està en su poder de seducciòn.

  6. dadada dijo:

    le pasa por no diferenciar el calameño del tuna ególatra insensible me caen mal los narcisos de cultura almanaque, buenísima la historia.

  7. puaj dijo:

    Excelente. Muy sutil y muy despiadado.

  8. caterina dijo:

    Olvidè felicitar al autor de este retrato , quien con su lucidez , intuciòn sabia , sensibilidad e ironìa ,caracterìsticas todas que las despliega en una prosa cautivadora y que a travès de ella nos deleita cada cierto tiempo en sus escritos.

  9. julieta dijo:

    uyy…me recordó a cierto personaje en mis años mozos universitarios que calculaba hasta el autor del libro que llevaba bajo el brazo, dependiendo de los contextos en los que deambulara…
    era curioso, siempre buscando el pleito justo en los ángulos más chocantes de ciertos contextos, con el fin de sacar a relucir sus “dotes intelectuales” y compensar de alguna forma su solitaria infancia de dinosaurios, fechas y almanaques. Lo vieron por ejemplo con un libro de homenaje a Jaime Guzmán en pleno acto del joven combatiente en los pastos de la Chile, leyendo y subrayando una biblia en latín en un seminario anticristiano, criticando a Hamas en plena tragedia de Gaza y en el marco de una conferencia pro Palestina, y así………….
    hasta ahora no me han llegado noticias de sus puntos de fuga, pero de seguro los tiene. Solo he sabido que actualmente está “escalando”, en busca de un poder desenfrenado. Al menos esa es la leyenda que se transmite de boca en boca entre la comunidad de chismosos ex alumnos….

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