
Esta columna va en memoria del Michael negro, el humano auténtico –porque de la autenticidad del músico no hay discusión. Aquel pequeñín que deslumbró en los Jackson Five, y que comenzó con una voz angelical y un talento infinito el romance entre el genio y sus fans.
Ese muchachito afroamericano que se convirtió en la joya más valiosa que le daría la familia Jackson al mundo de la música, y que culminó su época de moreno con la épica “We are the World”.
El camino a la Gloria
Michael Jackson vio la luz un 29 de agosto de 1958 en la ciudad de Gary, Indiana, en el seno de una numerosa familia afroamericana. Su padre era aficionado a la música, pero también muy estricto y crió con rigor a sus 8 hijos (Michael era el quinto). La vida de los primeros años de Jacko fue bastante monótona, y junto a sus hermanos se divertía cantando con su madre, mientras su papá trabajaba para mantenerlos. Fue así como se descubrió simultáneamente el talento musical de los muchachos Jackie, Tito, Jermaine y Marlon, quienes formaron una banda familiar llamada Ripples & Waves, a la que posteriormente se unió Michael como vocalista, con sólo 5 años y un talento ya entonces impresionante.
Los Jackson comienzan a actuar en diversos locales de Indiana, mientras su padre los adiestraba en las artes musicales con una rigurosa rutina de ensayos, en sesiones que llegaban a durar hasta doce horas. Esto se acentuó con el progresivo éxito de los que ya en 1965 adoptaron el nombre de “Jackson 5”, con un rigor profesional que dejaba la niñez atrás para siempre., lo que resultaría especialmente duro para el pequeño Michael, que se convertiría en un “niño grande”. Es así como su padre renuncia a su trabajo arriesgando la economía familiar, y decide probar suerte con sus chicos manejándolos a tiempo completo. En 1968 ocurre lo que tenía que suceder, y finalmente los muchachos firman por un sello, Motown, debutando en 1969 con su primer single titulado I want you back, que les da su primer número 1 y el inmediato salto a la fama.
El talento desbordante del pequeño Michael de sólo 11 años, resaltaba demasiado por sobre sus hermanos, tanto así dos años después y en pleno apogeo de fama de los Five, edita su primer single en solitario Got to be there, y en 1972 el álbum del mismo nombre, más un segundo llamado Ben. De ahí en adelante, su éxito individual sería creciente, así como el de los “Jackson 5”, que se dieron entre otros lujos, tener de telonero a Elton John y estar al aire con una serie animada en la que eran protagonistas.
Hacia fines de los ’70, los Jackson crecieron, los mayores hicieron familia, y las inquietudes por participar con canciones propias aparecieron. Varias carreras solistas, pero Maiquelito seguía rompiéndola sin comparación: era el prodigio de la familia y el corazón de la banda. El éxito inicial del conjunto bajó, pero cuando todo hacía pensar que era el fin de los Jacksons, aparecen con su primer álbum de composiciones propias, de corte Disco. Blame it on the boogie (luego versionada en los ’90 en la tropicaloide versión de Luis Miguel) se toma las pistas a fines de los ’70, y pavimenta el camino para el principio de la gloria: Don’t stop ‘till you get enough se toma todas las discos así como los cortes del disco Off The Wall, que serían el pase para la gloria.
Thriller, y el nuevo Michael
En 1980, Michael saca Triumph con los Jacksons, y estrena su nueva nariz. Es el comienzo del nuevo Michael, que en 1982 se consagra definitivamente con el lanzamiento de Thriller con Quincy Jones nuevamente en la producción musical. Los singles Billie Jean, Beat it y por supuesto el estruendoso Thriller con cortometraje incluido hacen pedazos los rankings y lo catapultan a la categoría de ídolo pop absoluto. Las cifras, son sencillamente cerdiales: más de 150 discos de oro en todo el mundo y 45 millones de copias sólo ese año, más la bestial suma de 165 semanas consecutivas con algún tema en las listas americanas, rompen todos los récords y lo llevan a una categoría de celebridad máxima en el mundo de la música, que lo obligan a salir disfrazado a la calle, y a empezar con un camino sin retorno de excentricidades que ya todos conocemos.
En 1985, We are the World compuesta con Lionel Ritchie, es emblema en la campaña que MJ encabeza para ayudar a África, marcando además las últimas apariciones públicas de Jacko con piel de color. Una anécdota que se cuenta al respecto, es que una vez Michael, de gira con sus hermanos, se encontró con una mujer de edad, quien al enterarse que ese niñito de color era la voz de la banda sensación del momento, puso una cara de desagrado y exclamó “oh, no me lo imaginaba así”. Sea esta o no una de las causas del complejo de MJ con su aspecto, puede darnos algunas pistas del lamentable deterioro físico que tendría desde entonces hasta su muerte.
Aún así, y pese a su propia voluntad, ni el mismo MJ nos borrará de la mente el recuerdo de su infancia más prematura, cuando era un diamante en bruto que maravillaba con su voz, ajeno a todas las vanidades y peligros que trae consigo la fama tan explosiva. Pese a que su historia como “blanco” es en gran parte formadora de su leyenda, sus orígenes raciales verdaderos quedarán ahí para siempre, perdidos en un limbo que Michael creó para sí mismo. Es verdad, logró vencer a la naturaleza, pero de paso se terminó por derrotar a sí mismo. Nuestro consuelo, por supuesto, la obra, que trasciende la fragilidad del hombre, y se inserta en nuestras vidas para siempre.
















