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Maradona by Kusturica

10 marzo 2009 por Amelia Bezard

Luego de más de un año y medio de rodaje por diversas geografías (Argentina, Italia, Serbia) el documental sobre Maradona (quien tiene su propio GRANDES PERSONAJES) vio la luz el 2008 en Cannes. Dirigida por el reconocido Kusturica, esta no es su primera incursión en el género, pues ya había experimentado con Super 8 stories, la vida (tras bambalinas) de los músicos de Kusturica y su No Smoking Orquestra.

El documental se configura a partir de varios elementos que son parte o colindan con la vida del 10: “el revolucionario”, el padre de familia, el drogadicto, el mejor futbolista de todos los tiempos y la iglesia maradoniana. Todos estos elementos se articulan a través de material de archivo, entrevistas y animaciones. A lo largo de la película, el Pelusa, quien parece no saber mentir, se trenza por momentos en notables declaraciones acerca de Bush, el príncipe Carlos, Joao Avelange, los ingleses y de momentos de su vida.

Si bien el documental aspira a presentar una visión íntegra de Maradona, se queda corto y, finalmente, no logra encarnar la compleja figura del astro argentino. A pesar de que se nota la empatía entre “los protagonistas” y de los importantes niveles de intimidad alcanzados, cuesta encontrar a lo largo de la película algo que verdaderamente nos sorprenda, algo no antes dicho del 10 y por el 10. En una mirada constantemente cruzada por el fanatismo y la amistad, poco y nada aparecen las disonancias, contradicciones e incoherencias que hacen de Maradona un ser interesante más allá de su genio futbolístico. En general, la película se queda en lo que ya conocemos y nunca alcanza una mirada descubridora, una visión que nos refresque la imagen que ya tenemos del pibe de oro.

Caso aparte es el excesivo protagonismo de Kusturica que, en una especie de trip egótico, hace de sí mismo bastante más que un actor de reparto. En este aspecto cuesta comprender la inclusión de imágenes de películas anteriores de Kusturica como Tiempo de Gitanos (1989), Arizona Dreams (cómo olvidar a Iggy Pop y Goran Bregovic en la canción In the deathcar) y Undergound (Palma de oro en 1995) que pretenden hacer un paralelo entre la vida de “la mano de Dios” y la filmografía del serbio.

Con respecto a la música, o estamos demasiado acostumbrados a las grandeza de este recurso en las obras de Kusturica asesorado por Goran Bregovic, o el loco Emir pensó que con Maradona no faltaba nada más y dejó en el olvido el recurso sonoro. Sí hay que destacar la presencia de Manu Chau cantando La vida tómbola, otra de las muchas canciones dedicadas al astro de fútbol, y el momento en que Diego se canta a sí mismo (la canción que le hizo Calamaro).

Pese a lo anterior, el documental es muy entretenido y tiene algunos pasajes e imágenes memorables donde, para no ser injustos, se nota positivamente la mano del director nacido en Sarajevo. Hay que decir a favor de Kusturica que no es fácil retratar a D10s.

Si es futbolero o fanático del director (sale mucho en la película) no se arrepentirá de ver Maradona por Kusturica.

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