La literatura nazi en América

25 noviembre 2008 por Andrés Pérez

En medio de la fiebre de Bolaño que, para variar, estallara después de su muerte, me subí al carro de los que no habíamos podido aun degustar uno de sus títulos. Luego de maravillarme con Los Detectives Salvajes y continuar devorando parte de su bibliografía, me encontré con un libro que sólo en su título me hizo querer tenerlo en mis manos lo antes posible: La literatura nazi en América.

Abrí lo antes posible sus páginas, enredado entre las sábanas de mi cama a los 18 años cuando quería descubrir al mundo en dos segundos. Me encontré con un extraño experimento, que consiste fundamentalmente en una selección de 32 supuestos escritores que comparten una extraña particularidad: son manifiestos simpatizantes de la ideología del gobierno del Tercer Reich, y a la vez creadores convencidos de sus capacidades.

Las historias discurren en universos eminentemente Bolañianos, y eso quiere decir que la forma justifica el fondo. Alejado de temáticas con rectas claras y precisas, la propuesta apunta a una no despreciable cantidad de referencias literarias que cualquier ratón de biblioteca podrá disfrutar a placer, a lo que se suman historias enredadas y sórdidas de sujetos extraños y mujeres desconcertantes, que se sumergen en una piscina de barro en que la existencia humana se expone al delirio y a la definitiva muestra de que siempre las esencias se superponen por sobre los hechos cotidianos.

Desde distinguidas señoras próceres de editoriales hasta discretos creadores de novelas de baja monta, La literatura nazi en América Latina propone, en su particular estilo tipo catálogo, un estilo literario lejano a la prosa consistente y coherente, propia de realismos de antaño. A cambio, ofrece líneas cargadas de putrefacción y mugre, bañadas de una pluma que confirma una existencia creadora llena de matices que no hacen otra cosa que generar una podrida atracción.

Dentro de la nutrida obra de Bolaño y ante una especie de morbo curioso ávido de suculentas dosis de novedad que cada cierto tiempo me embargan como lector, puedo gritar al vacío que este libro es una exquisita experiencia lectora, una extraña forma de insertar temáticas seudo mutantes en estructuras seudo mutantes también, con la certera convicción de que no se está ante una pérdida de tiempo. Y en tiempos en que Cronos no es un tipo generoso, es algo que ya de por sí vale las horas que demanda su ingesta. Mientras, mi admirado amigo Bolaño, sigue buscando aquella salida que nunca existió.

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