Los que creían que la naturaleza de por sí tenía cosas raras, no sabían lo que podría pasar cuando los humanoides empezaran a echar mano a su ingenio y ponerse a mezclar especies. De ahí salen casos como el del “ligre”… y sus variaciones.
Y ojo que no se trata de aberraciones raras como esos ratones que les injertaban una oreja en la espalda, ni tampoco esperpentos mitológicos como el Imbunche o el Trauco. Es una simple cruza entre dos especies distintas: un león y un tigre, pero que ambos pertenecen al mismo género.
Está claro que esta mezcla no llega tan allá como las intervenciones genéticas antes mencionadas, ni tampoco a réplicas como la famosa oveja Dolly. Acá la mezcla fue mucho más “natural”. Ponemos a una tigresa cachonda junto con un león cafichón y éste, sin siquiera preocuparse de las rayas, habrá hecho su pega de manera natural. Claro hay que señalar que estos casos son situaciones raras en ambientes naturales, ya que tigres y leones comparten muy pocos hábitats.
Pero si usted creía que la cosa era así de simple, está equivocado. El ligre tiene una especie de hermano, el tigón o tigrón. Este nuevo “producto” de la naturaleza es el resultado de una leona con un tigre. Acá, la cruza es al revés y eso repercute directamente en la naturaleza de la nueva cruza. El pobre tigón es bastante más chico que sus padres y que su “hermano”, ya que por gracia genética no crecen más. Por el contrario, el ligre es el favorito de los circos y zoológicos llegando a medir hasta cuatro metros.
Y la cosa no para. Los ligres machos son todos estériles, al igual que la mayoría de las mujeres (curiosa coincidencia con la mula). Sin embargo, las hembras se han llegado a aparear con tigres creando los tiligres y con leones concibiendo pequeños leligres. La mano humana se ve acá en su máxima expresión, normalmente los animales tienen nombres propios que poco tienen que ver con sus padres. Pero estas nuevas creaciones son calculadas hasta en sus nombres. Mitad y mitad. Es como si yo por ser hijo de un Alfredo y de una Loreto me llamara Lorfredo.
Por estos días ya no sé bien qué pensar. Los lugares que antes creía seguros ya no me parecen tanto. Cada día recorro lo granja con más susto, no vaya a ser que un chanchito califa se me vaya a tirar encima o que alguno de los bípedos implumes de esta revista me vayan a hacer una encerrona.




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