Acompañada de recuerdos y de la historia, la Presidenta Bachelet le da la bienvenida al Museo de la Memoria. “No hay presente sin pasado, no futuro sin presente” fue lo que dijo la mandataria al finalizar el discurso inaugural. Chile, con toda su alegría y felicidad característica comienza, de a poco, a asumir lo que fue la década del ‘70 y ‘80, un período que, independiente de la postura política, trajo muerte y sufrimiento a la mayoría de las familias de nuestro país.

Tras sostener que “me he sentido acompañada por la historia y por nuestro pueblo, representada en tres hombres justos, los ex Presidentes Aylwin, Frei y Lagos, que representan 20 años de libertad y respeto a los derechos humanos“, Bachelet fue interrumpida por dos mujeres que pedían libertad a los presos políticos, acto seguido, pidió respeto a las familias que, al igual que ellas, pedían justicia.
Independiente de que la actividad haya estado protagonizada por las pifias al escritor peruano Mario Vargas Llosa o por el impasse que empañó la solemnidad de la ceremonia, el Museo de la Memoria representa, precisamente, un retazo de la memoria nacional. Los chilenos perdonamos, pero no olvidamos, y por muy resentido (mas bien re-sentido) que suene es innegable que la década de los ’70 no significó para nadie un periodo de libertad, mucho menos de justicia.
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