SE CACAREA ACÁ
22 Oct 2009

Nocturnos, de Chopin

Publicado por

frederic_chopin_01La relación que tenemos con la música clásica suele ser rara y frikiada. Inexplicablemente y casi como una convención social, nos parece a primera oreja lo más fome que pisa la Tierra. Un código sonoro de viejas cuicas con las nucas atochadas en collares, y de viejos de negocios más gorreados que el Mago Jiménez. Los mortales más comuncitos, no comulgamos en esas misas y terminamos chapeando a los clásicos como un aburrimiento superlativo.

Esto tiene muchas explicaciones. Entre estas, una estética pomposa que bien da cuenta de los espectáculos que se montaban en los siglos finales del segundo milenio, cuando muchos de los grandes compositores crearon sus obras: elites reunidas, por placer o por estatus social, en estrambóticas construcciones de lujo, en que no cabían generalmente expresiones de públicos populares.

Pero es momento de hablar de música. Y cuando de emociones o de arte se trata, todo este adorno de pomposidad pasa a segundo plano. No hay formalidades que valgan. Esto queda más que claro luego de escuchar “Los Nocturnos”, de Frédéric Chopin, en la sobrecogedora versión del maestro Claudio Arrau.

Chopin es un pianista y compositor romántico de principios del Siglo XIX. Hizo honores a su instrumento, dedicando prácticamente toda su obra a piezas exclusivas en piano. Humilde, sufrido y profundamente sensible, su último deseo fue que su obra se quemara casi por completo, en su intención de “no darle al público música indigna de  sus oídos”. Por fortuna, su deseo no fue cumplido. Murió de Tísis a los 39 años e París.

Chopin refleja en los sonidos de “Los Nocturnos” una melancolía desgarradora, una tristeza vestida de tierna dulzura que brota desde las cuerdas de un solitario piano como gotas de llovizna de anochecer, pasando en algunas de sus piezas a un desesperado frenesí que sólo es apagado por la elegante reaparición del optimista desconsuelo, en un romanticismo que va y viene en ondas constantes y se pierde en lo profundo del alma de quien escucha.

No hay muchas palabras que pueda escribir que valgan la pena, si no lo has escuchado amtes. En este caso, los sonidos no pueden ser mejor cierre para esta breve introducción. Una mención nuevamente, para la magistral interpretación de Arrau.

Nocturne No. 2 In E Fla

 

Nocturne No. 4 In F, Op

 

Nocturne No. 11 In G Min, Op

 
EMPOLLA ESTE ARTÍCULO