SE CACAREA ACÁ
20 Oct 2008

Entrevista: Niño Problema en escena

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Hay un ambiente que rodea todo lo que tiene que ver con las bandas emergentes, y que no me produce precisamente entusiasmo o placer. Aunque sí es romántico, qué duda cabe. Pero persiste siempre en estos eventos una especie de aura desoladora y tristona, como si estuviese a punto de ver la función de un payaso de circo con el corazón hecho pedazos. Pero acepté hacer la entrevista, como siempre lo hago, resignado a asistir al teatro del desconsuelo, aquél en donde las sombras probablemente me reflejen a la perfección y explican mis miedos.

Nunca voy sólo. Las ganas de salir arrancando son siempre muy grandes, así que convenzo a algún amigo como sea de que me acompañe, total copete y minas tendrá que haber, y eso al menos entretiene la vista y el hígado. Esta vez le dije al Eric que viniera, que nos tomábamos unos vinitos y que habláramos de la vida. Después de un buen rato y de un par de pilsen heladas y de una conversacón sobre chiquillas, aceptó el hueón, porque se le calentó el hocico y porque es mi compadre.

Llegamos cerca de la hora a la que nos habían citado a Valparaíso. Pero llamé al mánager y le dije que llegaba más rato, porque teníamos hambre y queríamos comernos algunas de esas mierdas grasientas y ricas que uno se mal acostumbra a ingerir. Después al súper, compramos un vino de mala muerte y al muelle Barón. Conversamos de mujeres, era como el día de hablar de mujeres. Pero de dos que nos habían llevado un trozo de alma, y que nos dejaron un pedazo del suyo de recuerdo. Hacía frío y el vino tenía un sabor de mierda dulce. Llegó la Blanca con su cámara, hueveamos un poco más y me recordaron que estábamos dos horas pasados y teníamos que entrevistar a los Niño Problema.

Llegamos y los cabros estaban tocando. El gimnasio de la casa central de la cato de valpo estaba a media capacidad, quizás un poco menos. La gente se veía entusiasmada con la banda, y las chiquillas comentaban a nuestros lados que el mino que cantaba era súper rico. Nosotros puteábamos, de picados seguramente. Y el socio ocupaba una skilt tipo escocesa y se movía como trompo por el escenario, la amplificación era como el pico pero las canciones buenas y había energía allá arriba, y el público lo sentía.

Tocaron un par de temas más y la tocata se terminó. La gente se dispersó y el lugar se veía semi vacío. Luego premiaron a una chiquilla que ganó algún tipo de concurso. Me bajó de nuevo la angustia, la tristeza solapada que me ronda cuando voy a estas tocatas, cuando todo ese glamour que veo en los videos de mi bandas favoritas no aparece, y la energía se esfuma como la luz cuando abandona una ampolleta que se quema.

Fui con el Eric y la Blanca a buscar a los muchachos, pero deseaba no encontrarlos. Nos dimos un par de vueltas y yo dije que pico que no estaban y que nos fuéramos. La Blanca me dijo que era un hueón dejado, y de improviso me indicó un tipo que salía de una sala. Resignado le pregunté al tipo si era de los Niño Problema, y me llevó a la sala que usaban a modo de camarín. Entré y el mánager me dijo que ahí estaba Jalea, que ése era el hombre, el que las chiquillas decían que era rico.

Me senté al lado de él como un tieso periodista con una grabadora en la mano, pero yo a esas alturas sólo quería conversar. Por primera vez pensé en la música de los tipos, y me agradó más que cuando la escuché. Jalea me hablaba de la banda, de su disco Carboná y de la energía vital que le entregaba a él hacer música. Me hablaba de su familia, que eran en el fondo esos cabros con los que se subía a tocar al escenario. Me hablaba de que no le alcanzaba la música para vivir, y que a casi ningún músico en Chile le alcanzaba. Que la gente pagaba hasta por jugarse una Polla Gol antes que por una tocata. Jalea tiritaba nervioso, sobre todo cuando hablábamos de la posibilidad de ganarse la vida tocando. Lo sentí casi un hermano por un momento, y me fui. Me fui y sentí que por suerte, no lo había entrevistado. Habíamos conversado. Nos desahogamos juntos de la triste felicidad que para tantos nos significa subirnos a un escenario.

En la pista quedaban sólo un par de decenas de pelagatos. Todo se esfumaba, y volvía Niño Problema desde el Olimpo a ser unos simples mortales. Y volvía yo, de escuchar esa triste historia que ya la veía venir, de vuelta con el Eric y la Blanca, no entendiendo la magia oculta tras ese efímero sueño.

Fotos: Niño Problema,

Chilefunk.cl

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