En un recóndito lugar de América del sur, Nepomuceno hereda una hacienda para criar caballos. Al arribar, su mujer, Dolores, da a luz a su hijo Raimundo en las nuevas tierras conquistadas. El niño pasa su infancia en la hacienda, rodeado de “huachos” en medio del fervor y riñas independentistas. Sin embargo, un día a la edad de 5 años, el marido toma la decisión de ir a dejar a Raimundo a España con la finalidad de que éste estudie bajo la tutela del rey. El motivo encubierto del marido es abandonar a su mujer y despojarla de su fortuna. El sino fatal de Nepomuceno y su hijo posibilita la lectura del testamento, situación que da pie a un vuelco en la historia.
Según cuenta Lorca, el relato nace de la visión de un cuadro de Gil de Castro que, sustentado en nuestra historia, da pie a la obra, que muestra de manera onírica cómo ciertos comportamientos actuales se encuentran enraizados en la época colonial y forman parte de nuestra idiosincrasia. Para esto utiliza la familia como soporte del relato.
A mi juicio, la temática es un tanto recurrente dentro de la misma obra. No obstante, los logros del trabajo escenográfico y las marionetas sopesan cualquier debilidad atribuida al texto. Los recursos utilizados, caballos y niños, son impresionantes y conforman una escenografía de fantasía. Los actores son de otro nivel, impo
sible no destacar el trabajo de Teresita Iacobelli actuando de niño.
Jaime Lorca, el director, estudió teatro en la Universidad Católica y al egresar conforma la destacadísima compañía “La Troppa” (Gemelos, Jesús Betz). Gracias a ésta, viaja por numerosas ciudades Europeas consolidándose como artista. Luego de 18 años junto a la Troppa, funda una segunda compañía llamada “Viaje inmóvil” que debuta el 2006 con Gulliver. Exitazo ovacionado por más de 80.000 espectadores, fue exhibida en el mismo escenario que El último heredero y en innumerables lugares de Francia.
Nada más que decirle que vaya a ver esta obra, permanecerá en cartelera en Matucana 100 hasta comienzos de noviembre (aproveche los jueves populares). Le aseguro un buen momento. Y si alguna vez vuelve a reestrenarse Gulliver, también: recomiendo ver en escena a Lorca con sus muñecos.





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