El techo poco a poco se está cayendo a pedazos. En un segundo, un ruido y empieza el derrumbe. Los alaridos de la gente son mudos. El polvo, las lágrimas, la desesperación dejan poco lugar a la nitidez y mucho a la imaginación. Suena un despertador en algún piso del edifico deteriorado, se levanta una vieja preguntando qué ha pasado.
- “El edifico se cae” dice un vecino.
- “¡Hay que hacer algo, no podemos seguir aguantando esto todas las noches! Con todo lo que pagamos…” dice otro.
- “Es verdad, a mí me cayó un trozo de pared en la cabeza el año pasado, y quedé estúpida” dijo una joven.
- “Tú siempre has sido estúpida, la pared no tiene la culpa, dijo la vieja.
Los vecinos comenzaron a discutir entre sí, echándose la culpa unos a otros, todos hablaban pero nadie se escuchaba. Hasta se que oye una sirena de bomberos.
- “¿Qué pasa aquí?” pregunta un bombero.
- “El techo se cae un poco todas las noches, no podemos dormir. Yo me levanto muy temprano por la mañana, necesito descansar y hace más de cinco años que sucede el desastre, unas noches más fuertes y otras menos” dice un abogado de 40 años.
- “El ruido nos despierta a todos los del edificio, excepto a la vieja del tercero, que duerme como un tronco” asegura una vecina dueña de casa.
- “Es normal que no despierte, estoy cerca de la muerte, un día no despertaré más, creo que será mañana o pasado, a ver si ahí se quejan de mi profundo sueño”responde la vieja.
- “¡Seguro! Si cuando los bomberos hacen la lista de los vecinos, siempre falta usted y no podemos volver a la cama hasta que usted despierte y baje, imagínese cómo será cuando no despierte más ¡No podremos volver a dormir nunca!” dice otro vecino.
- “En cambio yo, eternamente” afirmó la vieja.
Los bomberos revisaron el lugar. No había más que pequeños trozos de hormigón. En los pisos, todos muy bien decorados y elegantes, habían pequeños agujeros pero nada de consideraión. El jefe de los bomberos hizo firmar un papel al presidente de la comunidad diciendo que estaba todo bien. El presidente firmó.
- “Bueno, no es nada grave, sólo un susto, cualquier incidente que pase nos llaman y estaremos aquí en seguida” dijo el bombero.
- “Muy amable es usted caballero” agregó el presidente.
Todos se fueron a dormir muy tranquilos a sus camas confiando en la palabra del bombero.
- “¡Qué buen trabajo el de ellos!, siempre que vienen me dejan muy tranquilo, yo pensé en demandar a la empresa dueña del edificio, pero según los bomberos, esto está bien” señaló aliviado el presidente.
- “¡Sí!, ¡Esto es una maravilla!” recalcó extasiado otro.
- “¡Vamos a dormir!” gritó con lo que le queda de fuerza la vieja.




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