Ignacio del Real: “Lo cotidiano es más universal que conceptos sublimes del amor, la muerte y el honor”

17 Mayo 2010 por El Pollo

por Sebastián Ruiz Tagle, Violeta Larraín y Jerónimo Parada

Algo que siempre se agradece en una producción artística es su carácter genuino. Lo genuino de una obra está dado por la capacidad y el gesto del artista de volcarse en ella, de verter en su trabajo su subjetividad, despojado de todo tipo de pretensiones, lugares comunes y discursos políticamente correctos. Es posible que Del Real no sepa a ciencia cierta la sinceridad que exhudan sus tiras cómicas, que son un portal directo a lo más profundo de su intimidad: su arte se convierte en una galería de su privacidad que muchas veces puede llegar a perturbar, sobre todo a las mentes más conservadoras, por su cercanía.

Sin embargo es en ésta intimidad que se juega también lo entrañable de su obra que funciona como confesión, declaración de principios y una descarga impetuosa contra todo lo que no le parece justo, y da cuenta de un ojo crítico privilegiado. Del Real adhiere a la tradición más ácida y punzante del cómic, evocando a cáusticos exponentes como Martín Kellerman, Robert Crumb y Harvey Pekar o Raymond Pettibon.

El personaje principal (evidentemente autobiográfico) es absolutamente verosímil. Es frágil y lleno de ripios, maquinador y antipático, neurótico y refunfuñón, pero con una notable capacidad de reírse de sí mismo, de torcer las situaciones hacia una reflexión lúcida e hilarante. Es esencialmente un antihéroe, un bello perdedor.

Del Real vive en Villarrica, es un tipo quitado de bulla, que ha sabido (y querido) escapar de los afanes intelectualizantes y snob que hoy por hoy inundan el mundo del arte. Todo a pesar de ser un sujeto notoriamente brillante e informado (a veces, aparentemente, más que muchos de los fanfarrones que se llenan la boca teorizando). Del Real, a pesar de ser ese personaje complejo que se revela en sus cómics, ha optado por la vida simple, por disfrutar de un nutrido desayuno, un vino blanco por la tarde a la orilla del lago y hacer su cama bien hecha.


Del Real, cómo no, mantuvo largas conversaciones vía mail con el equipo de La Pollera –Cultura y Rarezas-. La conversación debido a su extensión tuvo que ser cercenada, pero si usted quiere acceder a la versión completa, puede hacerlo acá. Con Del Real nuestra revista hace honor, como con pocos, a uno de sus apellidos: rareza.

Actualmente, ¿en qué se encuentra tu trabajo creativo y cuántas horas al día le dedicas?

Últimamente estoy dedicado al cómic, pero no genero plata a través de eso, por lo tanto el tiempo del que dispongo depende de los espacios que quedan entre otras actividades y, por supuesto, de las ganas. También tengo que decir que no soy una persona obsesiva, incluso tiendo a la pereza y me cuesta concentrarme. Mira, más bien paso por períodos. A veces trabajo sin parar en los cómics y después puede pasar una semana sin que agarre el lápiz. No es que me enorgullezca ese ritmo, pero es la verdad. Ahora, por ejemplo estoy pasando por un período más productivo y creo que sacando un promedio estaré trabajando unas tres horas diarias. Eso sin contar el tiempo en que uno está pensando en la historia y los bocetos… tal vez no me he dado cuenta y en realidad nunca he parado de trabajar… jeje.

¿A partir de qué te agarras para conformar un relato? El autorretrato, la propia experiencia ¿Cómo son abordados?

Construyo a partir de eventos autobiográficos que encuentro raros o divertidos y que por lo general están asociados a carretes, inauguraciones de exposiciones y cosas por el estilo. Parto de historias reales que me han pasado, pero luego, como no puedes poner todo, entonces selecciono eventos y los adapto a un formato que son tiras de cuatro viñetas. La idea es que cada tira constituya algo así como un chiste más o menos independiente, pero que tiene continuidad con la tira siguiente y así se completa la historia. Cada tira es una oración, en definitiva. Se trata fundamentalmente de un proceso de síntesis y como tienes que mantener un ritmo que sea entretenido, respetando el formato auto impuesto, (para mí eso es fundamental) entonces a veces tienes que ficcionar un poco la historia, por lo tanto la versión resultante siempre es diferente a cómo ocurrió en la realidad pero mantiene lo esencial: los personajes (que son reales), los eventos principales y la actitud o el juicio individual ante todo eso. Y respecto a esto, porque aquí es donde se revela el cómo es abordada la experiencia, es siempre con humor. O sea, como se trata de experiencias autobiográficas, obviamente el protagonista soy yo, entonces me construyo un personaje y de hecho el cómic no es otra cosa que decir “oye, yo así veo el mundo, esto es lo que pienso” (al menos al respecto de los sucesos que allí aparecen narrados). Y bueno, este personaje es una concentración de todo el humor negro, la histeria y el fatalismo que veo en mí mismo y trato de que tome una forma chistosa.

¿Quiénes son tus referentes de comics?

En primer lugar está Ásterix, en parte porque crecí leyéndolo. Nunca me canso de leer Ásterix y cada vez que lo leo descubro algún detalle nuevo. También está Tintin, aunque al principio me aburría porque a veces tiene unos textos larguísimos pero me gusta esa forma tan controlada de dibujar que tiene Herge; otro que me entretenía muchísimo es un cómic que se llama Gaston Lagaffe, y que normalmente aparece traducido como Elgafe Gafado.

Por el lado del sentido del humor me siento muy atraído por Robert Crumb, también me gusta Peter Bagge que tiene un cómic muy bueno onda generación X, bien banal y cotidiano, que se llama Odio, también ahí un tipo que encontré hace poco en internet, un español que se llama Álvarez Rabo, es muy divertido, de un humor escatológico y con dibujos de gran soltura. Pero en verdad, mi máximo referente, o mi máximo descubrimiento, que llego a conmoverme, me leí dos tiras y caché al tiro que era mi hermano gemelo del cómic y que lo tenia que comprar, es Rocky, una novela gráfica de un sueco que se llama Martín Kellerman. Increíble. Lleno de sátiras, de pesimismo, decadencia y humor negro. Bueno, eso es bastante común en los escandinavos. Yo me sentí identificadísimo cuando lo leí. De partida el cómic es autobiográfico, la mayoría de los escenarios son carretes, conversaciones en la micro, festivales de música, cafeterías, bares, cosas así.

De hecho me gusta tanto que admito que le he copiado algunas cosas por ejemplo el formato de tiras de cuatro viñetas que me pareció genial por que te obliga a mantener un ritmo muy rápido: narrar harto en poco.

Sobre productos nacionales encuentro extraordinarios los comics de Pedro Peirano, El chancho Zero y Timón, que es un cómic infantil. Bueno es que en realidad Peirano tiene un humor muy sobresaliente, además de ser un tipo que ha sabido emplear los medios de comunicación desde él mismo, es decir, no es para nada alguien que busque satisfacer expectativas externas ni guiarse por un gusto medio, más bien él funda un tipo de gusto. En realidad Peirano es la prueba viviente del buen gusto si entendemos el concepto del gusto (estético) desde el uso y, en ese sentido, Plan Z y en gran medida 31 Minutos son ejemplos excepcionales de empleo de la precariedad, de hacer con poco mucho y al dar un buen uso a materiales restringidos logran un resultado atractivo que es despreocupado y bien crudo y para nada pretensioso o artificial.

El trabajo de Rodrigo Salinas también me fascina, además que es técnicamente tan variado, la Novela Ecuestre, que cuenta la historia de Ratoncito, es un despliegue de versatilidad técnica y es bastante entretenido además. Bueno, y está claro que es un artista que ha logrado mezclar completamente su obra artística con su trabajo en comic, no tiene “personalidad múltiple” ni esta presente en esa ambivalencia de que de la puerta pa dentro soy artista pero de ahí para allá hago comics, así como tampoco emplea el comic como un objeto de estudio externo, al modo clínico de Lichtenstein. Bueno, en realidad estas ideas mas menos se desarrollan en el texto que hizo Cesar Gabler para la exposición Winny’s que Salinas montó en la Galería Gabriela Mistral

¿Qué lees?

Desde hace unos cuantos años he estado muy concentrado en la literatura norteamericana del siglo veinte, en particular por el realismo sucio de Bukowski, los beatnicks, Hemingway, Truman Capote, Paul Auster, Raymond Carver, John Fante, Allen Ginsberg, Jack Kerouac, hace poco también descubrí a un autor bastante reciente que se llama Nick McDonell y por supuesto John Kennedy Toole, el autor de La conjura de los necios. Bueno todos esos autores tienen la característica de centrarse en cosas más bien banales o directamente decadentes. Me gusta la rapidez, el ritmo que tienen muchas de las novelas de estos autores, que te arrojan violentamente al relato y no se detienen mucho en descripciones tediosas, a mí las descripciones la verdad es que me aburren un poco.

Para resumir me gusta mucho el realismo, sobre todo si se trata de cosas más bien banales que son tratadas con mucha ironía y con la observación de situaciones que pueden ser muy normales pero que encierran todo un infierno de angustias y cosas que no se dicen pero se piensan… no sé, es difícil para mí explicarlo así de forma espontánea pero si puedo decir que lo cotidiano es más universal que conceptos sublimes del amor, la muerte, el honor y todas esas cosas tan afectadas. Me gusta el realismo, pero también hay algunas cosas más fantásticas que son muy cautivadoras, por ejemplo un escritor japonés, Haruki Murakami, que es un genio.

¿Tienes interés en participar en algún proyecto relacionado?

No sé, es decir, ahora estoy tratando de sacar adelante una novela gráfica, pero como te decía, tengo que sacar tiempo de todas partes, pero no, en verdad tiempo hay, lo que tengo que sacar son las ganas de trabajar. Pero algo en lo que sí he estado pensando es en el cómic como un recurso pedagógico. Ha habido varios intentos al respecto como una versión de la historia chilena contada en cómic, pero la verdad es que es bastante rasca y pretenciosa.

Pero en serio, el cómic y la ilustración son tremendas herramientas pedagógicas y sensibilizadoras. Yo creo que proponer una serie de publicaciones con tipos de dibujos que vayan evolucionando de acuerdo al desarrollo, por ejemplo, cognitivo de las diferentes edades del niño, destacando ciertos elementos visuales que potencien el aprendizaje y a la vez den al niño una educación estética decente. Sería un bonito proyecto, porque además tendría que ser interdisciplinario. Trabajar con sicólogos, profesores, parvularias, diseñadores, todo eso.

Siempre podría volver la pregunta ¿de que sirve esforzarse tanto en publicar excelentes libros ilustrados para niños en aras de una buena educación estética si después llegan y prenden la tele? Bueno, evidentemente si se quiere incentivar la lectura o privilegiar el libro antes que la televisión, entonces parte haciendo libros que sean muy bonitos, bien hechos y atractivos. Obvio ¿no?

Versión completa de la entrevista y más tiras cómicas

Empolla este artículo:
  • Print
  • Digg
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Google Bookmarks
  • email
  • Meneame
  • PDF
  • Tumblr
  • Twitter

Cacarea acá

Powered by WP Hashcash

La Pollera News

Recibe La Pollera en tu correo anotándolo acá
  • AMIGOS










Autores

Maíz de selección

Sitio desarrollado por La Pollera Ediciones en base a un tema de Woo Themes