¿La compañía alivia el sufrimiento?
Al cambiarme de casa, inesperadamente y de un día para otro, me enfrenté a la convivencia “forzosa” con dos raros exponentes de la especie humana y emergieron aspectos desconocidos de los hombres, casi ocultos, que se hicieron visibles impulsados por la alternancia con seres que habitualmente no alcanzamos a atrapar en su rareza.
1.
Es condición indefectible entre los hombres que existan personas con mal gusto. Así como pocos tienen un sentido estético privilegiado y muchos tienen un sentido mediano, otros llaman la atención por su espantoso gusto. Es el caso de Jimmy.
2.
Sin poder ser más asertivo alguien dijo al entrar a la pieza de Jóse: “hay olor a monje”. Vaya como huele a Monje esa pieza. De aspecto monacal, recargada de elementos decimonónicos, la pieza de Jóse obedece con parsimonia a su máxima estética: todo lo antiguo es bello. A veces la máxima no se cumple, pero en general, hemos de reconocer, ha logrado hacer de su pieza algo similar a una iglesia de buen gusto. Mármoles, rosarios, candelabros, cuadros y muebles antiguos, paredes crema en contraste con madera, crucifijos, manuales de griego (quiere aprenderlo para poder leer el antiguo testamento) y Las Confesiones de San Agustín, adornan un espacio que huele –al mismo tiempo- a casa de abuelos y a muerte. Jóse es, antes que todo, un monje.
3.
Jimmy no es en todos los aspectos un lisiado estético, condición que aparece en plenitud cuando ha de escoger a una mujer. La última que le conocimos fue muy acertadamente bautizada como Michael. Michael, por Michael Jackson. Ese falso bronceado de solárium acompañado de una especie de estuco blanco entremezclado con brillos dorados que se tornan especialmente evidentes a contra luz, hace que se parezca a Michael en alguno de su períodos de transición del negro al blanco. Es un período evidentemente post Thriller, que se acerca peligrosamente al café con leche de Bad.
4.
Los padres de Jóse al enterarse de su homosexualidad le dijeron que estaba bien si sentía eso, pero que no lo practicara. En otras palabras, le sugirieron amablemente que se hiciera cura. Jóse no adoptó definitivamente estos consejos, pero se transformó en una suerte de monje-gay. No en vano Jóse se levanta cada domingo para ir a misa y tiene bastante de cura. Me es difícil imaginar la cantidad de tribulaciones que ha de tener su mente, pero estoy seguro que son muchas. No me cabe duda que las palabras pechoñas de su abuela se entremezclan constantemente con visiones de falos. Hasta ahora, la razón gana la batalla contra los instintos.
5.
La lesión estética de Jimmy no surgió precisamente por la lectura del Fedro[1], ni tampoco por atender con devoción a la frase latina forman populabitur aetas[2], sino que está dada más bien por su procedencia. Jimmy, en el fondo, está reproduciendo los cánones estéticos de su escuela rural a través de Michael.
6. y 7.
Jimmy y Jóse difieren también y muy marcadamente en la alimentación. Mientras Jimmy expande sus elecciones amorosas a la comida prefiriendo por lo general sopas de sobre chinas o pastas con salsas poco saludables, Jóse, casi en ayuno permanente, se inclina por frutas y verduras preparadas tal y como Dios se las da. En cuanto menos intervención humana, mejor para él. Sin ir más lejos hace unos días se le ofreció a Jóse un poco de pan y, como batiéndose contra una gigantesca aporía, pensó largo rato para luego decir: “sí, en realidad sí, hace días que no como.”
En la siguiente columna…
8.
A las ya descritas tribulaciones sexuales de José le siguen las tribulaciones alimenticias, constituyéndose como su mayor pecado la ingesta de un chocolate escondido en su pieza. Es muy difícil encontrar los restos que deja tras este acto, ya que son rápidamente escondidos en los cajones de su velador con cubierta de mármol. Los envoltorios de chocolate se pierden entre antiguos artefactos que casi siempre tienen relación con la historia de sus antepasados…
[1] “Muchas veces me he encontrado con personas hermosas pésimas y he conocido a muchas personas buenas de rostro feo.”
[2] El tiempo destruye la belleza.
















Abril 6th, 2010 at 1:20 pm
Tu artículo me recuerda una canción del conjunto nacional Puta Marlon. Dice así:
Gusano estético / ya no hay nada que de calma / que asunto más patético / parapléjico del alma
Abril 6th, 2010 at 5:00 pm
A mí el título (¿Séneca?) y el resto del texto me recuerdan una postura antagónica, la de nuestro viejo amigo Federico. “El individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu. Si lo intentas, a menudo estarás solo, y a veces asustado. Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo.” Y también “que se mueran los feos!”, que podría extenderse a “lo feo”.
Otra cosa. Cuando dicen que en gustos no hay nada escrito, puta que se equivocan. Tal vez de lo que más se ha escrito es de gustos.
Abril 6th, 2010 at 5:10 pm
Una aclaración:
No es que el autor del texto me parezca absorvido por la tribu, para nada; es que el título del texto en latín (que, por lo demás, se presenta entre signos de interrogación) me recuerda la postura antagónica de don Fede, nada más.