Fiestas Patrias. Empanadas, asados, chicha, vino tinto, terremoto, emboque y cuanto alarde de chilenidad sea posible. Una especie de patriotismo fiestero se toma desde la fonda más avinagrada hasta el palacio más pituco del barrio alto de Santiago. Un patriotismo con olor a pino y a carne roja, de guitarra de palo y pañuelo en mano, de colores rojo, azul y blanco.
¿En qué hemos convertido nuestra chilenidad? ¿Cuál es hoy el significado de ser patriota? ¿Qué hay detrás de los MEO o los Jorge González, personajes públicos que han declarado sentirse avergonzados de ser chilenos?
Primero que todo, hay que tener en claro que lo que celebramos para el 18 de septiembre es la primera junta nacional de gobierno, es decir, el primer indicio claro de que los mestizos -aquellos hijos de los abusos sexuales, pseudo enamoramientos y formas varias de relacionarse que tuvieron españoles con indios- ya no se sentían ni indígenas ni conquistadores, sino hijos bastardos de una tierra lejana en las que por jugarretas del destino les tocó nacer, y que era hora de reclamar para sí mismos.
Por otro lado, la tradición cultural popular que se ha ido gestando con los breves casi dos siglos de historia de Chile, se ha ido adueñando de la celebración de la primera junta de gobierno, y ha teñido nuestro medio septiembre de todas esas particularidades que, en cierta forma, ese hito histórico propició: de la cueca brava al volantín con hilo curao, del anticucho hasta el jarro de Terremoto.
Un tercer punto, y quizás el más curioso, es el discurso bélico que ha aportado con lo suyo también a la formación del patriotismo. Las supuestas proezas de guerra de nuestros militares de antaño, nos son enseñadas desde el colegio con una narrativa tan pomposa y épica, que ha muchos se les ha insertado con inusitado entusiasmo la idea de que las guerras fueron y son justas, necesarias y que haber supuestamente aplastado a una nación hermana es motivo de celebración.
A pesar de todo, en toda esta algarabía del chilenismo, en este relato identitario construido a base de sangre, muerte, chicha, empaná’ y más sangre, no todos los hijos de la larga franja se sienten identificados. Inolvidables anécdotas de hombres célebres han puesto esta situación a la luz pública, como cuando el ex vocalista de Los Prisioneros, Jorge González, declaró en Perú sentir vergüenza de ser chileno, cuando escucha a sus compatriotas discriminar y sentirse superior a los hermanos peruanos; o el actual candidato a Presidente de Chile Marco Enríquez-Ominami, quien en su época cool de deslenguado director de TV, dijo haber preferido ser italiano o francés, y calificó la bandera y el escudo nacional con los adjetivos de “asquerosa” y “espantoso”, respectivamente.
¿Suena antipatriota no? ¿Pero qué es realmente ser patriota? ¿Reventarse el hígado tomando vino hasta la inconciencia? ¿Destrozarse el estómago ingiriendo grasas durante prácticamente una semana? ¿Mirar con el pecho inflado a los milicos desfilando para la parada militar con el niño en brazos con banderita en mano? ¿Bailarse una cueca bien zapateá’? ¿Mirar a huevo al boliviano por su hasta ahora conservada raza indígena, o humillar al peruano por tener que venir hasta Chile a hacerle la pega sucia a la familia sin dueño(a) de casa? ¿Es acaso el más patriota el que cumple con la mayor cantidad de estos requisitos?
Tal parece que el sentido de defensa del pueblo chileno y de lo que se logró con la independencia al liberarse del yugo del conquistador, esto es, el territorio que comprende el país de Chile junto a su incalculable riqueza natural y cultural, se ha perdido entre la pomposidad y la labia fácil del 18.
Seguimos haciendo vista ciega ante la tortura sostenida de la fuerza policial sobre nuestros pueblos originarios tan o más chilenos que nosotros; permanecemos inmóviles ante la suculenta explotación de nuestros recursos naturales de parte de transnacionales extranjeras sujetas a blandísimas cargas tributarias (la última: el yerno de Pinochet es dueño de nuestro Litio); nos hacemos los huevones ante la explotación de los trabajadores de manos de empresarios extranjeros multimillonarios; y no contentos con todo esto, somos bien buenos para chuparle el pico a los europes y gringos, y para pelar o hablar mal de nuestros vecinos en Latinoamérica, con los cuales hemos compartido la dura experiencia de de generar una identidad nacional y regional en estos apenas 200 años de existencia que tenemos.
Todo esto se me viene a la mente cuando escucho a sujetos como MEO, Jorge González e incluso amigos que confiesan no sentirse muy identificados con la chilenidad, pronunciar estas frases de niño rebelde y travieso. Se me vienen a la mente esas hordas de “patriotas” profundamente escandalizados y ofendidos, vociferando a los 4 vientos su indignación. Me pregunto si estos señores se darán cuenta de cómo la patria es humillada y abusada mucho más periódica y gravemente de lo que creen, porque si se dieran cuenta, es bastante probable que estos chicos rebeldes serían simplemente una anécdota, y estos personajes no se ofenderían con tan poco.





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