El rojo de la pasión

12 octubre 2009 por Andrés Pérez

celebraciones chile clasificacion mundialVeía las noticias ayer domingo con dos queridos amigos. La causa común era ver material sobre la clasificación de la Selección al Mundial del 2010, casi como un acto de reflejo, un deber ético del día siguiente a alguna hazaña deportiva de proporciones. También queríamos ver los goles de los otros partidos de las eliminatorias.

Nos encontramos, por supuesto, con el inacabable mal gusto de Canal 13, a quienes no bastándoles con matarnos las pasiones durante los partido scon los relatos fomes, ñoños e insoportablemente cursis de Ignacio Valenzuela, les bajó por considerar que a alguien le podría interesar ver en las notas “anécdotas”, como que un par de parejas se casaran a la hora del partido. Sin comentarios.

A pesar de esa dificultad enorme, casi maldita que tienen los canales de TV para reflejar la pasión de forma natural y sin caer en metáforas rosas de cuarta categoría, algo hay en esas imagenes de las celebraciones que me llamó la atención.

Es toda esa horda de gente feliz, pero realmente feliz. Pero no esa felicidad fría y pasajera de la plata o el consumismo, no esa felicidad seca de los que odian, de los mediocres que a falta de méritos propios, gozan con la desgracia ajena.

Es esa felicidad genuina y natural del pueblo, evidente y notoria en el aire y en las caras de cada uno de los que corren por las calles con el hocico morado de tanto cartoné, chillando de alegría. Esa felicidad natural impulsada por recuerdos y vivencias, por cada partido de Chile que hemos visto en esta puta vida, y por el hito que marca cada uno en la piel de la gente.

Y así, pensando en el comentario de uno de mis amigos que no creía cómo esos viejos teclos podían pasarse la noche esperando en el aeropuerto para ni siquiera poder ver al equipo, me imaginé cuánta mierda logra tapar el fútbol, y que lindo y triste es a la vez, y qué tanto, si nos alegra celebrar por el fútbol, qué tan raro buscar la alegría ahí si nadamos en mierda tan seguido.

Por eso los viejos se chantan en el aeropuerto para recibir a los que dan alegría, porque se acuerdan de tantos momentos; de las cinco pepas de Zamorano a Venezuela que a cuanto ahogado hasta el pico en deudas habrán hecho vibrar; de las dos del Matador a Italia que a cuanto cabro chico le habrá hecho olvidarse que en la casa no hay plata pa tomar once; del 3-0 a Brasil que a cuanto achacao por penas de amor le habrá salvado el día; y de aquí a veinte años más desde esta clasificación, que a cuanto cesante, a cuanto trabajador explotado, a cuanto universitario que se echó por cuarta vez un ramo, a cuanto enamorado no correspondido, a cuánta, cuánta gente, le habrá hecho olvidar toda la mierda al menos por un rato.

Por todo esto es que esos chillidos y gritos desaforados, flacos encaramándose como monos en los semáforos, viejos con el lagrimón corriendo por las mejillas de la emoción, mujeres como nunca antes enrolladas en banderas regalando abrazos, y esos cabros chicos de la mano de los papás con los mocos colgando gritando por Chile, no son en realidad tan difíciles de entender. Es su carnaval, su alegría, su escape y su pasión. Y ni todas las injusticias del mundo les pueden robar esa felicidad.

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4 Comments For This Post

  1. fran dijo:

    Y de verdad que emociona… Si hasta a la gente que no ve mucho futbol en su vida lo llega a emocionar que CHile vaya al mundial. Y sabí, andrés, que mientras leo tu nota, más me emociono al pensar en toda esa gente que describes que a pesar de todo se vuelve a emocionar y por un segundo olvida las penas
    :)

  2. Camelio Rosas dijo:

    ¡Yo soy el que no puedo entender a los viejos del aeropuerto! Más que una fotografía de cierta alegría eufórica que llena los corazones de gente que sufre, yo veo en ese fanatismo una simplificación de las vidas. Tampoco creo que sea algo tan terrible; al final en casi todas las multitudes -reunidas o no- es posible reconocer el mismo fenómeno: la masa suma aumenta la cantidad de partículas que la componen, su funcionamiento se vuelve más complejo, y al mismo tiempo simplifica las características de las partículas (reparte mejor el trabajo). Yo también quiero que gane Hhile y me alegro de que el Magiño le meta una pelota hermosa al flaco Orellana y éste se la levante instantáneamente al Chupete que reacciona como un pez y dirige la pelota al arco mierda! Claro que sí! Pero puta, ir a buscar a los jugadores al aeropuerto o quedarse saltando y repitiendo cánticos no, no me llama mucho la atención. Es más, me parece tremendamente aburrido. En todo caso, qué agrado lo del mundial. Ja!
    Esta diferencia, en todo caso, no tendría por que llevarnos a no volver a reunirnos en torno a una tv y un par de cebadas descompuestas para celebrar con el Niño Maravilla que vuelve con guevos.

  3. Andrés Pérez dijo:

    Que sistémico Camelio!

  4. pascal dijo:

    bueno me gusto!!!

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