Existo. Estoy sentado al borde del río, ¿ok?. Estoy viendo un neumático avanzar por entre bolsas de supermercados, cajas tetrapack, y un par de tarros de atún que, semejando barquitos de metal, navegan corriente abajo. Estoy observando, meditando, respirando perros muertos, pudredumbre y calor. Así se me pasan las horas. Así, tratando de abstraer mi existencia por sobre la respiración y el pensamiento. La gran duda. ¡Ah! y no olvidemos la gran despuesta. Todo en uno, un pack entre eternidad e iluminación. El contacto directo con la naturaleza, y cresta, la violación que mi propia existencia da a la naturaleza. Porque convengamos que no es natural que yo esté ahí. O sea, me doy cuenta, ¿se entiende? El sentido diluído por entre percolados y las nauseas filosas. La contradicción… Un monje zen de basura.
Estoy sentado al borde del río y mi cabeza que no deja de navegar, como el tarro de atún que evade ramas. Como la mierda submarina que emerge brillosa. Y mis manos y un mantra que, sinceramente, ya olvido.
Y me borro un segundo. Me acuerdo que una vez, hace un indefinido, conocí a un viejo japonés horrible que me habló desde un centro humano desconocido. ¡Demasiado espiritual para mi carne! Es lo que pensé aquella vez. Me dijo sonriendo, recuerdo, casi insoportable en su felicidad, que para llegar a la iluminación el hombre debía comprender que la luz es infinita. Y como llegar a tal estado requiere práctica, ésta también pasaba a serlo. Practicar hasta morir, resucitar y continuar, y el bla bla que te imagines…
Y sigo sentado, ¿ok?, sigo divagando al borde del río… Entonces, plaf, pierdo la cabeza, la paciencia. Me doy cuenta… es decir, lo único que entiendo es que la eternidad se vió encerrada en la trascendencia de un tarro de atún en el que un pez, uno pequeño, uno tan sólo, quedó encerrado, río abajo. Navegando en sus aguas propias, pero por sobre ella. Una mierda. Entiendo una mierda.
Y bueno, ahí despierto. Despierto agitado. Fue un sueño terrible, pienso. Fue un sueño asqueroso. Pero me consuela seguir siendo la existencia finita… la intrascendencia. Eso me hace sentir en paz, fijate. Puedo volver y hacerle el amor otra vez. Ser grosero, sucio y erotizado. Dejar de lado tanto peso de conciencia. Repleto de carne por sobre espiritu. Bueno, estoy en eso, dándome cuenta, y entonces despierto otra vez. Y es que era un sueño dentro de otro. Ojos abiertos. Secos. Y hay olor a atún. Hay mucho olor a atún. Acá sí se termina el sueño… creo. Y, nada, te llamo por puro saber, antes de salir de la cama y olvidar o descubrir quizás qué significado, en serio, para saber, con sinceridad ¿qué opinas de todo esto?





Mahabharata: La muerte de Pandu

Enero 26th, 2010 at 7:54 am
Hugo, soy tu fans número uno. Jajaja, aunque ni sabes quién soy, debo decir que siempre te leo, y termino cada uno de tus textos con la misma frase “erís seco”. Leerte es entrar por unos minutos en cada una de tus letras e imaginar…Ya, me fui en la profunda… Un abrazo a la distancia desde el ciber mundo.
Enero 26th, 2010 at 11:53 am
…siempre intensas sus palabras don Hugo…siempre en el orden perfecto…tantas realidades que percibimos y pesan en la conciencia pero luego nos despertamos y olvidamos…y seguimos siendo espectadores pasivos.
…gracias por el regalo de tus relatos.
Enero 26th, 2010 at 2:57 pm
Qué numeraciones, qué clasificaciones. Vos cachai, que cuando leo estas cosas o las otras, o las que me lees por ahi mientras tomamos el té, el vino o el fresco en la ventana, me dan unas serias ganas de tomar el cerebro, echarle cloro gel (es menos hediondo) y ponérmelo de nuevo pa sentarme a escribir de una vez por todas. Ayer puse en ejercicio la libretita roja, anoté algunas cosas, me obligaré todos los días a eso, aunque como Pessoa ponga en algún día “en este día realmente no ha pasado nada que me importe”. Gracias por esta inspiración y por la de todos los días.
Suya como siempre y ad infinitum, C.
Febrero 5th, 2010 at 12:32 pm
Tardé, tardé…. pero al fin volví a dar contigo.
Marzo 3rd, 2010 at 2:21 am
Bien buena, algún lugar donde leer más?